Otitis: dolorosa inflamación del oido

Las dolencias respiratorias como resfriados, faringitis o gripe pueden desencadenas un proceso infeccioso en el oído que puede localizarse en la parte externa, media o interna y que puede tener complicaciones severas afectando al cerebro y a las meninges.

Es una enfermedad que ataca principalmente a los niños hasta los 3 años de edad y que se caracteriza generalmente por resfriado, picor en el oído, pesadez, presión en el tímpano, dolor, hinchazón, enrojecimiento, pus, supuración con mal olor, perdida de audición, fiebre, sangre, zumbido en en los oídos ( Tinnitus), vómitos, etc.

Se registra fundamentalmente  en invierno y en primavera , con la aparición de asmas y enfermedades   respiratorias contagiosas, y sobre todo cuando los niños comparten lugares comunes con otros compañeritos , tal como ocurre en las guarderías. La otitis en si misma no es contagiosa, pero las causas que generalmente la producen si que lo son.

Uno de los principales síntomas  es la sordera puede originar un retraso en el habla, en niños pequeños, o bien alteraciones de aprendizaje, pero se puede asociar a molestias de veces se observa una oídos y dolor, a secreción serosa en el exterior del oído. Otras veces el primer signo es apreciar la necesidad del niño de un volumen de televisión elevado, o el no contestar a las llamadas.

Causas

Las bacterias o virus que provocan afecciones a  la faringe o laringe, resfriado y  gripe debilitan las defensas del organismo o pueden llegar al oído produciendo la infección.

Ciertas alergias producen la inflamación de la trompa de Eustaquio que actúa como un canal de drenaje. Esto hace que este tubo se obstruya y no deje salir el líquido del oído medio por lo que facilita la formación de infecciones.

Parte externa

A nivel del pabellón y conducto auditivo externo se pueden producir tres tipos de procesos: condropericorditis del pabellón, micosis del conducto y externo, purulento, agudo.

En el primer caso son afectados los cartílagos del pabellón y su pericardio (capa resistente de tejido conectivo denso que envuelve al cartílago) generalmente secundaria a un trauma local (heridas, picaduras de insectos, golpes) y con menor frecuencia a un proceso infeccioso.

La micosis del conducto es provocada por hongos (muchas veces por falta de higiene) que forman una masa blanca y blanquecina que reduce la transmisión de los sonidos y provoca picazón por lo que se diferencia del simple tapón de cerumen.

La infección  purulenta externa aguda puede estar localizada en un forúnculo o en toda la piel del conducto. Sus causas pueden ser los microtraumas repetidos, higiene escasa, eczema y  propagación de infecciones del oído medio.

Provoca un dolor intenso que se irradia a la región parietal y al cuello, exacerbándose con los movimientos de la articulación mandibular, desarrollando una supuración con fiebre.

Se trata con emplastos de calor húmedo y  con antibióticos. No se debe recurrir a la incisión, salvo casos extremadamente graves.

Parte media

Es un proceso infeccioso en el oído medio que puede tener un  curso y gravedad diferentes, tanto en su forma catarral como purulenta, presentándose aguda o crónica, según los casos.

Generalmente es un proceso oclusivo de la trompa de Eustaquio que pone en comunicación la caja del tímpano con la rinofaringe y tiene como función permitir el paso del aire desde el oído medio y de equilibrar la presión atmosférica  en ambos lados de la membrana timpánica.

Cuando la trompa está ocluida se forma un trasudado ceroso en el oído medio que puede, por penetración de los gérmenes, desencadenarse en pus.

Las formas catarrales cuando no terminan en un proceso agudo se cronifican provocando sordera debido a la cicatrización adhesiva  de la cadena timpánica de los huesecillos.

Por el contrario la forma purulenta tienden a vaciarse al exterior a a través de la perforación de la membrana timpánica, que se produce espontáneamente. El dolor puede alcanzar grados elevados, con disminución de la audición y fiebres.

Para su tratamiento se indican las aplicaciones de calor húmedo, instilaciones endoauriculares de glicerina fenicada y amtibióticos.

Gravedad

Durante el, curso de una infección purulenta se pueden producir complicaciones que ponen en peligro la vida del paciente. El proceso puede extenderse  al  nervio facial y provocar la parálisis mastoidea así como al laberinto (laberintitis) y provocar abscesos en el cerebro y cerebelo, además de meningitis.

Oído interno

La infección afecta a la parte ósea y membranosa del oído interno pudiendo ser serosa, purulenta (circunscrita o difusa)  o necrosante.

Se caracteriza por una disminución de la audición, vértigo, asimetrías cinéticas, musculares y nistagmus (movimiento involuntario e incontrolable de los ojos).

El tratamiento más eficaz radica en el uso de antibióticos, con prescripción médica.

¿Sabías que…?

La efusión de líquido en el oído medio puede ser de tipo seroso (fluido, parecido al agua), mucoso (viscoso, parecido al moco) o purulento (pus) desde la oreja hasta el tímpano.

Se impone una visita al especialista para que diagnostique las causas de la infección, especialmente si se produce supuración, sangre, perdida de audición o fiebre.

Los gérmenes que se detectan con más frecuencia en la otitis media aguda, son el Streptococcus pneumoniae, el Haemophylus influenzae y con menor frecuencia la Bramanella catarralis, el Streptococcus del grupo A y el Staphylococcus aureus.

Además de las bacterias, también juegan un papel muy importante en la patogenia de la otitis media aguda los virus, siendo los más frecuentemente implicados el virus respiratorio sincitial, el virus influenzae, el virus parainfluenzae, adenovirus, rinovirus y enterovirus.

La otitis media es una de las enfermedades más frecuentes de la infancia y una de las causas de pérdida de audición en los niños. Aproximadamente el 70% han tenido algún episodio de la enfermedad.

En lactantes los síntomas se pueden ver limitados a irritabilidad, diarrea, vómitos o malestar general.

La supuración o la salida de contenido líquido por el conducto auditivo externo (otorrea) nos indica que existe una perforación timpánica.

Cuando existe una secreción ótica, puede ser interesante la obtención de un cultivo de la misma en vistas a ajustar el tratamiento de acuerdo a los resultados del estudio de la muestra y del antibiograma.

Las gotas óticas permiten tratar o prevenir la infección del conducto auditivo externo y que las bacterias del CAE (Pseudomonas, estafilococos…) entren en oído medio y provoquen una infección crónica.

La perforación sin cicatrización y sin signos de otitis media durante meses nos hace sospechar una perforación crónica y posiblemente permanente. En este caso el tratamiento es complicado y polémico ya que por un lado la perforación ofrece una buena ventilación del oído medio, pero por otro, hace desaparecer la capa protectora del oído medio pudiendo dar paso a secreciones desde nasofaringe u oído externo y con ello dar lugar a nuevas infecciones.

El consejo terapeútico suele ser el de no operar a aquellos niños menores de 5 años ya que son los que más se beneficiarían de una buena aireación del oído medio.

La cirugía reparadora (timpanoplastia) se aconseja a los niños mayores de 5 años para aportarles una buena amortiguación del aire del oído medio.

Es preciso realizar una exploración completa de cabeza y cuello para identificar factores que predispongan a padecer ese tipo de problema, tal como trastornos cráneo-faciales, obstrucción nasal, defectos de paladar o hipertrofia adenoidea.

Otra exploración habitual que se realiza es la timpanometría que ayuda en ocasiones a confirmar los hallazgos en la otoscopia u otoscopia neumática.

El examen audiométrico (audiometría) puede ser útil para confirmar y establecer el nivel de pérdida auditiva que conlleva sobre todo la otitis media crónica con efusión.

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